Hay decisiones que se toman después de muchos años de preparación y otras que parecen, a primera vista, un salto al vacío. Para Carolina Quintero Pulgarín, hace diez años ocurrió una mezcla de ambas. Después de 25 años de trayectoria en el mundo corporativo, decidió renunciar a un cargo bien remunerado en una de las grandes compañías de telecomunicaciones del país para convertirse en independiente.
No fue una decisión sencilla. Dejaba atrás ingresos importantes y estabilidad, aparentemente. Pero también sabía que llevaba consigo algo que nadie podía quitarle: conocimiento, experiencia, relacionamiento y la capacidad de convertir todo ese aprendizaje en nuevas posibilidades. “Durante más de 20 años se construyó conocimiento, experiencia, roles, relacionamiento. Y eso hace que te formes y que ya es hora de capitalizar todo eso”, menciona.
Ese fue el comienzo de una nueva etapa para esta egresada de Administración Comercial, con énfasis en Comercio Exterior, del TdeA, quien hoy combina el emprendimiento, la docencia, la consultoría y la educación financiera.
Carolina es empresaria y está al frente de Fides Financial, una agencia de inversiones y seguros con productos nacionales e internacionales. También tiene una agencia de telecomunicaciones en Bogotá, enfocada en el mercado empresarial y en la comercialización de servicios de internet, conectividad y soluciones avanzadas para compañías. A esto se suma su participación en una empresa de desarrollo tecnológico de CRM para empresas y fuerzas de ventas.
Pero su experiencia no se queda en el mundo empresarial. Es docente de la Universidad de Medellín, donde acompaña procesos de formación en Administración de Empresas y Mercadeo, especialmente en gestión comercial. También es asesora con un enfoque en protección al patrimonio; participa en espacios de educación financiera, motivación, ventas y gerencia; y trabaja como coach.
Su agenda, admite, está lejos de ser tranquila. Son múltiples frentes, viajes, equipos comerciales, capacitaciones, acompañamiento a las fuerzas de ventas y negocios por cerrar. En ese escenario, la organización se convierte en una herramienta indispensable. “Hay mucho por hacer y son muchos frentes”, explica. Por eso ha tenido que experimentar con diferentes maneras de distribuir su tiempo y concentrarse en cada negocio. Sin embargo, hay algo que considera innegociable: estar cerca de las personas con las que trabaja.
Para Carolina, acompañar y capacitar a las fuerzas de ventas es parte fundamental del éxito. No basta con ofrecer un producto: hay que estar ahí, escuchar, entrenar, acompañar y construir conexión. Esa misma convicción la lleva al aula, donde busca que sus estudiantes conozcan, a través de su experiencia, que detrás de una idea existe un camino que debe convertirse en realidad.
El salto hacia la independencia
Antes de convertirse en empresaria, Carolina conoció durante décadas el funcionamiento de las grandes organizaciones. En su último cargo corporativo se desempeñó como gerente de canales externos y estuvo vinculada precisamente con agencias comerciales, una experiencia que después resultaría fundamental para sus propios proyectos.
Tras su renuncia comenzó ofreciendo asesorías y consultorías en mercadeo, ventas, coaching y servicio al cliente. Después llegó la posibilidad de crear la primera agencia de inversiones y seguros junto con una socia. Más adelante surgió la agencia de telecomunicaciones y, posteriormente, la necesidad de desarrollar una herramienta tecnológica propia que terminó convirtiéndose también en un nuevo negocio.
La ruta no estaba completamente trazada desde el principio. Se fue construyendo a medida que aparecían las necesidades y las oportunidades. Por eso Carolina prefiere hablar de resiliencia, paciencia, dedicación y enfoque antes que de dificultad. Emprender, dice, implica entender que los resultados no siempre llegan de inmediato y que tener muchos frentes abiertos puede hacer perder de vista el propósito. Ella compara la independencia con el mercado bursátil: hay momentos de crecimiento y otros de caída, pero existe una ganancia con un valor especial: el tiempo. “Como toda la vida trabajé y estudié, para mí siempre ha sido muy importante el tiempo”, enfatiza y asegura que lo sigue comprobando con los años.
Por un lado, antes trabajaba sin descanso, hoy puede trabajar intensamente, pero tiene una libertad que antes no tenía. Puede organizar su agenda, acompañar a su familia o decidir cómo distribuir sus horas. “Creo que trabajo mucho más porque es para mí”, resume.
El tiempo como capital
Por otra parte, esa mirada también atraviesa el mensaje que Carolina lleva a sus estudiantes. Para ella, los jóvenes tienen un enorme potencial, pero muchas veces no alcanzan a dimensionar el valor del tiempo que tienen disponible para desarrollar sus capacidades y la energía de la que se dispone en esa etapa de la vida, para convertirlos en algo tangible.
A ese primer consejo suma otros pilares: disciplina, hábitos saludables, lectura y claridad sobre las metas. Invita a los estudiantes a preguntarse qué quieren lograr en un año, en cuatro o en cinco, y a escribir y visualizar el tipo de vida profesional y personal que desean construir. También insiste en la importancia de un buen círculo de influencia, que puede ayudar a tomar mejores decisiones y a sostener los objetivos en el tiempo.
Y hay otro llamado que atraviesa su experiencia: no depender de una sola fuente de ingresos. Para Carolina, ser empleado y emprender no son caminos necesariamente opuestos. El conocimiento adquirido en una profesión puede convertirse en asesorías, servicios, proyectos o nuevas oportunidades. “Si no se preparan, llega la oportunidad y la desaprovechan”, advierte.
Carolina Quintero lo ha comprobado en primera persona. Diez años después de aquella decisión que alguna vez sintió como un salto al vacío, sigue construyendo. Ya no desde un único cargo, sino desde múltiples caminos que nacieron de una misma certeza: todo lo aprendido puede convertirse en una nueva posibilidad.











