Espacios de encuentro, conocimiento y reflexión alrededor de la lengua y la cultura sorda
En el marco del Día Internacional de las Lenguas de Señas, que se conmemora cada 23 de septiembre, el TdeA se unió a esta celebración con la primera edición del evento TdeA EnSeña, una jornada que pone en el centro el reconocimiento de la comunidad sorda y su derecho lingüístico.
La iniciativa nació en el Departamento de Ciencias Básicas y Áreas Comunes (DCBAC), desde Lengua Materna, y convocó a diferentes dependencias. Bajo la coordinación de la Biblioteca Humbreto Saldarriaga Carmona, se sumaron Pluridiversos y la Facultad de Educación y Ciencias Sociales a una programación que buscó abrir espacios de encuentro, conocimiento y reflexión alrededor de la lengua y la cultura sorda.
Para Jorge Enrique Deossa Cañas, coordinador de la Biblioteca, esta jornada representa una manera concreta de avanzar en el propósito de inclusión que ha impulsado el rector Leonardo García Botero. “El contexto como tal es el tema de inclusión. La Institución ha tenido mucho éxito en la participación de todos los públicos acá en la institución”, señaló y reiteró que es una muestra de las acciones que se vienen moviendo en los campus con el liderazgo de la rectoría, el ejercicio de pensar qué se está ofreciendo y qué puede ser ofrecido a la comunidad sorda.
“¿Qué estamos haciendo las instituciones de educación superior para aportar en esa transformación social, política, lingüística, en acoger la normativa y cumplirla?, ¿qué hacemos para que eso realmente se cumpla?”, coincidió y puso de relieve la docente Yina Paola Moreno Hernández, una de las promotoras de la iniciativa y docente del DCBAC. Explicó que la actividad se articula con la nueva Política Institucional de Multilingüismo y con el actual Plan de Desarrollo “Inspirar el presente, transformar el futuro”. El propósito es reconocer las primeras y segundas lenguas de los estudiantes y, a partir de ello, generar transformaciones en las formas de enseñar, comunicar y producir conocimiento.
Actualmente, el TdeA cuenta con tres estudiantes sordos, usuarios de lengua de señas. Uno de ellos es Sebastián Díez Zapata, estudiante de décimo semestre de Psicología, quien además participó como expositor durante la jornada. Para la profesora esta realidad invita a la institución a preguntarse qué puede seguir transformando para garantizar una participación plena de esta comunidad: desde las prácticas pedagógicas y la presentación de la información hasta los procesos de escritura, publicación y acceso al conocimiento.
El mensaje de TdeA EnSeña es claro: la lengua de señas es la primera lengua de las personas sordas. Reconocerla implica también comprender su dimensión cultural e identitaria y asumir el reto de que las instituciones educativas no solo conozcan la normativa, sino que trabajen para hacerla realidad.
La programación se desarrolló en la Biblioteca Humberto Saldarriaga Carmona, en el Centro de Emprendimiento Transferencia e Innovación (CETI), en el Sendero de la Paz y en el Auditorio Institucional, en la sede Robledo. La jornada incluyó conferencias sobre lengua de señas, educación
inclusiva y políticas interculturales. La UdeA también participó con expertos y con una presentación de DAN-SOR, grupo cultural de personas sordas. Además, se abrió espacio para el taller “Deletrear con las manos”, se presentó un caso de éxito en la educación de personas sordas en un jardín infantil, se dictó una charla de cierre sobre cómo se forma una lengua y el estudiante TdeA estuvo a cargo de la conferencia central sobre el papel de la psicología sorda en la mediación social, trabajo que fue asesorado por la profesora Moreno.
Un poco de contexto
El expositor comenzó por la historia de la lengua de señas, que ha estado marcada por avances, pero también por largos periodos de exclusión. Sebastián Díez Zapata recordó que, en 1880, durante el Congreso de Milán, se impuso el oralismo y se prohibió el uso de la lengua de señas en la educación de las personas sordas, situación que produjo prácticas de castigo y profundas barreras para su comunicación. El reconocimiento científico de las lenguas de señas comenzó a consolidarse hacia 1960, impulsado, entre otros, por los estudios del lingüista W. Stokoe sobre su estructura y condición de lengua. Posteriormente, el enfoque bilingüe fortaleció la enseñanza de la lengua de señas junto con la lengua escrita. En Colombia, la Constitución de 1991 y la Ley 324 de 1996 representaron avances fundamentales al reconocer la lengua de señas como patrimonio lingüístico y cultural de la comunidad sorda y abrir caminos para su participación en espacios educativos, laborales y sociales.
Psicólogo sordo para pacientes sordos, sin mediaciones
Díez Zapata explicó que una de las principales barreras que enfrenta una persona sorda puede surgir precisamente en su entorno más cercano. Cuando las familias oyentes no conocen la lengua de señas, muchas veces recurren a códigos caseros, gestos o indicaciones concretas que no permiten desarrollar plenamente el lenguaje, la comprensión de conceptos abstractos ni la expresión de emociones. El estudiante compartió su propia experiencia. Un niño puede sentirse solo, aun en compañía de familia o compañeros de colegio. Esta falta de comunicación puede trasladarse a otros espacios y convertirse en aislamiento social, dificultades académicas y obstáculos para comprender los propios sentimientos y derechos.
Ante esta realidad, el conferencista planteó que las instituciones educativas deben prepararse para recibir a las personas sordas, en lugar de esperar que sean ellas quienes tengan que adaptarse completamente a un entorno pensado para oyentes.
Llegó al punto neurálgico en su intervención. En psicología, el acompañamiento de un profesional sordo que comparta directamente la lengua de su paciente permite una comunicación más cercana y evita que la intervención dependa permanentemente de terceros y hace que el paciente se sienta más cómodo y en confianza con el terapeuta. Además, el psicólogo sordo puede acompañar a la persona y a su familia, prevenir el aislamiento, fortalecer la identidad y la comunicación, orientar sobre sus derechos y brindar apoyo en los ámbitos educativo, social, familiar y emocional.
Como conclusión, Sebastián invitó a comprender que la lengua de señas no es un recurso secundario, sino una lengua con estructura, identidad, cultura y riqueza propias. La comunicación directa favorece la confianza, permite expresar aquello que resulta más íntimo y facilita una atención psicológica verdaderamente contextualizada. Por ello, la inclusión requiere que universidades, docentes, familias y profesionales desarrollen herramientas para comunicarse con la comunidad sorda. En ese camino, aprender lengua de señas significa abrir espacios de participación y contribuir a que ninguna persona tenga que sentirse sola en medio de quienes la rodean.












