Sara Manuela Arcila Herrera no pasa desapercibida en el TdeA. No es solo por su belleza, prueba viviente de que el suroeste antioqueño es tierra de mujeres hermosas, sino porque su historia de vida la ha hecho trascender y ha demostrado que, si se quiere, se puede.

Sara Manuela nació en Andes, pero se crio en Jardín. Allí, en los corredores de la casa familiar acomodaba de igual manera a muñecos y amiguitos para darles clase. Quería ser maestra.


Su madre Liliana Isabel Herrera Montoya recuerda que Sara Manuela fue una bebé anhelada, una estudiante dedicada, tanto así que no tuvo que cursar quinto de primaria y terminó el bachillerato a los 15 años. Esa situación le mereció el bullying de sus compañeros, pues no les gustaba que ella fuera la mejor en todo.


Más adelante, ya entrando a la adolescencia, aparecieron una serie de síntomas sin sentido. El diagnóstico fue miopatía muscular, una enfermedad poco conocida que afecta a todos los músculos del paciente y que la hizo visitar muchos hospitales, entre ellos la Clínica Cardiovascular. En una de las visitas a ese lugar le dijo a su mamá: “yo quiero estudiar ahí”, y señaló al TdeA.


Como familia de escasos recursos, para Liliana era difícil escuchar la petición de su hija, pero simplemente le respondió: “preséntese y luego vemos qué hacemos”. Así fue. Sara Manuela pasó todos los exámenes y comenzó el traslado a Medellín.


De Jardín a San Antonio de Prado


El mismo arrendatario que les alquiló la casa en Jardín les ofreció otra en San Antonio de Prado. La familia entera se trasladó porque la condición de salud de Sara Manuela no permite que estuviera sola en Medellín.


Como sucedió en la primaria y en el bachillerato, Sara Manuela brilló en sus estudios en el TdeA. El problema fue que el dinero empezó a escasear y la familia a preguntarse qué hacer. Los profesores le hablaron a Sara Manuela de las becas de la Fundación Fraternidad y obtuvo una sin mayores dificultades.


Aunque físicamente Sara Manuela se ve bien, por dentro la enfermedad hace de las suyas. Un día llegaba al TdeA caminando, otros con el apoyo de un bastón y cuando la enfermedad estaba en su nivel más alto, en silla de ruedas, con pipeta de oxígeno o sin voz por dos meses.


Una vez, recuerda su novio Esteban Hernández, tuvo que acompañarla a presentar sus exámenes porque sus párpados estaban totalmente caídos. Con la paciencia y comprensión de los profesores, Esteban le leía las preguntas y escribía lo que ella respondía. Siempre pasó con buenas notas.


Esteban ha aprendido a ser parte del grupo de apoyo de Sara Manuela. Como estudiante de Profesional en Deporte del Jaime Isaza Cadavid, le gusta la fisioterapia y la aplica en Sara Manuela, cuando ella lo requiere y fue su soporte cuando había que empujar la silla de ruedas o sus ojos para que pudiera subir unas escaleras.


“Siempre me ayudaron, entendieron mi situación, pero nunca me regalaron nada. O sea, yo cumplí con todas mis obligaciones académicas. Un año tuve que interrumpir porque estuve en la Unidad de Cuidados Intensivos, pero salí y retomé. De no haberlo hecho, a mi familia le hubiera tocado retornarle a la Fundación el dinero que me había dado por la beca”: recuerda Sara Manuela.


El desconocimiento que rodeaba su enfermedad motivó a Sara Manuela a escribir un libro, donde busca educar sobre el tema y promover la inclusión desde la infancia, como una estrategia para combatir el acoso escolar que ella misma enfrentó. Su habilidad para la comunicación la ha llevado a participar en diversos medios de comunicación en el suroeste. Impresionada por su facilidad para relatar historias, su expresividad y su capacidad para conectar con la gente, doña Liliana está convencida de que Sara Manuela será una excelente profesora.


Ayer precisamente, Sara Manuela se graduó como Licenciada en Educación Infantil, junto con otro grupo de estudiantes que también tuvieron su ceremonia de grados en Trabajo Social, Licenciatura en Educación Básica con Énfasis en Humanidades y Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana.

 


Sara Manuela Arcila Herrera: An Inspiring Testimony of Overcoming Adversity

Sara Manuela Arcila Herrera does not go unnoticed in TdeA. It is not only because of her beauty, living proof that the southwest of Antioquia is a land of beautiful women, but because her life story has made it transcend and has shown that, if you want to, you can do it.

Sara Manuela was born in Andes but grew up in Jardín municipalities. There, in the corridors of the family home, she would arrange dolls and friends to teach them in an open-sky classroom. I wanted to be a teacher.

Her mother Liliana Isabel Herrera Montoya remembers that Sara Manuela was a longed-for baby, a dedicated student, so much so that she did not have to attend fifth grade and finished high school at the age of 15. That situation earned her the bullying of her classmates, because they didn't like that she was the best at everything.

Later, as she entered adolescence, a series of nonsensical symptoms appeared. The diagnosis was muscular myopathy, a little-known disease that affects all the patient's muscles and made her visit many hospitals, including the Cardiovascular Clinic. On one of the visits to that place, she told her mother: "I want to study there," and pointed to the TdeA.

As a low-income family, it was difficult for Liliana to listen to her daughter's request, but she simply replied, "Show up and then we'll see what we can do." That's how it was. Sara Manuela passed all the exams and began the transfer to Medellín.

From Jardín to San Antonio de Prado
The same tenant who rented them the house in Jardín offered them another one in San Antonio de Prado. The whole family moved because Sara Manuela's health condition did not allow her to be alone in Medellín.

As was the case in primary and high school, Sara Manuela shone in her studies at TdeA. The problem was that money began to run out and the family began to wonder what to do. The professors told Sara Manuela about the scholarships from the Fraternity Foundation and she obtained one without major difficulties.

Although Sara Manuela looks good physically, inside the disease is doing its thing. One day she would arrive at TdeA walking, another with the support of a cane and when the disease was at its highest level, in a wheelchair, with an oxygen pipette or without voice for two months.

Once, her boyfriend Esteban Hernandez recalls, he had to accompany her to take her exams because her eyelids were totally drooping. With the patience and understanding of the teachers, Esteban read her the questions and wrote down what she answered. She always passed with good grades.

Esteban has learned to be part of Sara Manuela's support group. As a student of Professional Sports at Jaime Isaza Cadavid, he likes physiotherapy and applies it to Sara Manuela, when she requires it and was her support when she had to push the wheelchair or her eyes so that she could climb some stairs.

"They always helped me, they understood my situation, but they never gave me anything. In other words, I fulfilled all my academic obligations. One year I had to interrupt because I was in the Intensive Care Unit, but I got out and went back. If I hadn't done it, my family would have had to return the Foundation the money it had given me for the scholarship," recalls Sara Manuela.

The lack of knowledge surrounding her illness motivated Sara Manuela to write a book, where she seeks to educate on the subject and promote inclusion from childhood, as a strategy to combat the bullying she herself faced. Her communication skills have led her to participate in various media outlets in the Southwest. Impressed by her ability to tell stories, her expressiveness, and her ability to connect with people, Doña Liliana is convinced that Sara Manuela will be an excellent teacher.

Yesterday, Sara Manuela graduated with a Bachelor's Degree in Early Childhood Education, along with another group of students who also had their graduation ceremony in Social Work, Bachelor's Degree in Basic Education with an Emphasis in Humanities and Bachelor's Degree in Literature and Spanish Language.