Reconocer que detrás de cada estudiante hay una historia, un territorio, unas circunstancias y unos sueños, y que esas realidades también deben ingresar al aula como fuentes de conocimiento, es el punto de partida del Boot Camp 2.0: Enseñanza en contexto. Aprender desde el lugar que habitamos, un espacio de formación dirigido a docentes y gestores de Territorio TdeA que se desarrolló entre el 11 y el 13 de agosto.
El encuentro propone detenerse sobre el propio quehacer docente, reconocer el vínculo humano que se construye con los estudiantes y preguntarse cómo los saberes, experiencias y condiciones de cada territorio pueden enriquecer los procesos de enseñanza y aprendizaje. La premisa es pasar de enseñar contenidos en un lugar determinado a construir experiencias educativas capaces de dialogar con aquello que ocurre en ese lugar.
Una formación conectada con la apuesta de Territorio TdeA
Esta reflexión se articula con las apuestas que el TdeA ha venido planteando para el Plan de Desarrollo Institucional 2026-2030, “Inspirar el presente, transformar el futuro”, cuya construcción ha situado la neuroeducación y la innovación pedagógica entre los elementos llamados a orientar la transformación institucional. En este proceso, el TdeA también ha planteado la necesidad de reconocer las particularidades de los estudiantes, fortalecer las competencias pedagógicas y pensar la educación como una experiencia vinculada con las realidades en las que ocurre.
El vicerrector Académico, Fabio Alberto Vargas Agudelo, destacó, precisamente, que “cuando nosotros como institución hicimos la apuesta de estar en los territorios, tanto de Antioquia como de Colombia, queremos hacer presencia directamente en ellos, con los estudiantes y con las vivencias de cada territorio. Por eso es sumamente importante propiciar estos espacios de enseñanza, aprendizaje y evaluación en contexto, porque la educación no la podemos dejar solamente en nuestra sede principal, sino que tenemos que llevarla a cada uno de los territorios en los que tenemos presencia”.
Para el vicerrector, el propósito no termina con la formación de los profesores. El reto es trasladar lo aprendido a las aulas y lograr que la educación contribuya a que los estudiantes encuentren posibilidades de desarrollo en sus propias regiones.
“Lo más importante es que estos aprendizajes los puedan llevar después al aula. También buscamos que nuestros estudiantes se queden en el territorio, que todo el aprendizaje que están teniendo lo puedan aplicar allí, en el sector productivo, en el emprendimiento y en los procesos que hacen parte de Territorio TdeA. Ustedes, los docentes, son una parte fundamental y queremos que cada día procuremos por la calidad de los procesos de enseñanza y aprendizaje”, agregó Vargas Agudelo.
Creatividad y sensibilidad para transformar la enseñanza
Uno de los primeros interrogantes del Boot Camp estuvo alrededor de lo que ocurre con las experiencias que los profesores acumulan durante su paso por diferentes comunidades. El docente, artista plástico y escritor Luis Fernando Herrera propuso que estas vivencias no permanezcan únicamente como recuerdos, sino que sean reflexionadas y sistematizadas para producir conocimiento y transformar las prácticas educativas.
“Todos los docentes reflexionamos sobre nuestras experiencias en el aula y, más cuando trabajamos en territorio, cada vez que nos enfrentamos a una población diferente encontramos muchas cosas interesantes y también aprendemos de cómo nuestros estudiantes viven y construyen conocimiento. Pero, ¿qué pasa con esa reflexión?, ¿se queda solamente como una anécdota o un recuerdo, o podemos tomar esas experiencias, sistematizarlas y convertirlas en nuevo conocimiento que nos permita generar otras estrategias? Ahí es donde la reflexión puede convertirse en un elemento detonante para generar estrategias de enseñanza con contextos”, señaló Herrera.
Su conferencia vinculó esa reflexión con la creatividad, la sensibilidad y el pensamiento crítico. Para Herrera, “la creatividad es una habilidad inherente al ser humano y le permite crear, transformar, innovar y, sobre todo, solucionar problemas. El pensamiento creativo es transversal a todas las áreas del conocimiento; se puede trabajar en derecho, en ingeniería, en tecnología o en cualquier otro campo. Tenemos que pensar primero cómo ponemos en juego nuestra creatividad como docentes y, segundo, cómo despertamos la creatividad de los estudiantes”.
Cuando el territorio también se convierte en maestro
A esa mirada se sumó Agustín Rodolfo Gutiérrez Yepes, docente del TdeA y coordinador de la línea Sentir Nos Maestros, quien llevó la discusión un paso más allá al plantear al territorio no como escenario o recurso didáctico, sino como interlocutor del proceso educativo. Su conferencia partió de la pregunta “¿qué ocurriría si el territorio fuera también el profesor?”
“La realidad siempre llega antes que el currículo. Antes de que nosotros lleguemos con unos supuestos que consideramos verdades, en el territorio ya hay unas realidades y unas condiciones. Tenemos conocimiento que viene de los autores, de la teoría, de los libros y de nuestra experiencia, pero también tenemos que preguntarnos si ese conocimiento puede emerger de las comunidades reales a donde vamos. ¿Y si el territorio fuera nuestro profesor?, ¿qué sabe tu territorio que ningún libro te puede enseñar?”, propuso Gutiérrez.
Escuchar, en ese sentido, implica identificar memorias, identidades, conflictos, formas de organización, saberes locales, dificultades, expectativas y soluciones construidas por las propias comunidades. “Nosotros no enseñamos sobre el territorio ni solamente en el territorio; enseñamos con el territorio, y ese es nuestro gran reto. Podemos llegar a aplicar conocimientos, pero el reto es que allí queden aprendizajes situados, que los estudiantes aprendan a diseñar transformaciones para sus propios territorios. Ningún mapa reemplaza la experiencia de caminar el territorio”, afirmó.
El Boot Camp 2.0 amplió la reflexión a través de siete módulos que combinaron metodologías, humanización, escucha y acompañamiento. La programación incluyó la práctica humanizada de la enseñanza y el vínculo afectivo-pedagógico, con Shirley Murillo; metodologías activas como el estudio de caso, el aprendizaje basado en problemas y el aula invertida, con Katherine Mejía; y estrategias que parten de las diferentes trayectorias y formas de aprender de los estudiantes, con Alejandro Suescun Vargas.
La jornada final incorporó, además, los relatos de docentes que han transformado sus prácticas mientras enseñan en territorio, con Carlos Fuentes, Andrea Paola Castillo Rojas y Carolina Múnera, y un módulo dedicado a las señales de alerta académica, emocional y social, las rutas institucionales de atención y el papel del profesor como primer referente cuando un estudiante necesita acompañamiento, a cargo de María Angélica Contreras Gutiérrez y los psicólogos Andrea Castro López y Juan Carlos Smith, del equipo Prometeo.