La necesidad de seguir tejiendo redes territoriales para unificar criterios en la intervención grupal, la actualización metodológica en el trabajo comunitario frente a las nuevas realidades y problemáticas en la región latinoamericana y la reafirmación del compromiso ético y político de la profesión, estos fueron consensos claves recogidos en el IV Encuentro Nacional de Trabajo Social con Grupos, que este año se realizó en el marco de la conmemoración de los 90 años del Trabajo Social en Colombia.
Este diálogo, cuyo lema esta edición fue “Acompasando nuestras complicidades desde lo situado en Nuestra América” y que convoca anualmente a profesionales, estudiantes, comunidades de base, docentes e investigadores de todo el país, se desarrolló entre el 4 y 5 de junio en los campus de la Universidad de Antioquía y del TdeA Institución Universitaria, respectivamente.
Este espacio es organizado por el Consejo Nacional para la Educación en Trabajo Social (Conets) para el encuentro, la sumatoria de experiencias, la reflexión, el diálogo e intercambio de saberes para el fortalecimiento del trabajo con comunidades, a partir del reconocimiento de los mismos territorios desde una perspectiva crítica, ética y transformadora.
El coordinador del programa de Trabajo Social en el TdeA, Luis Miguel Gallo Díaz, resaltó la importancia de esta articulación: “Ha venido desarrollando un proceso de largo aliento y nos permite, en el marco de este evento, encontrarnos con la posibilidad de reconocer avances, reflexiones, apuestas desde una perspectiva teórico-metodológica tan importante para el trabajo social en su configuración histórica y en el contexto contemporáneo, cobra un papel relevante más aún cuando atendemos a realidades contemporáneas complejas en la construcción de vínculos en escenarios locales y globales; con mayor razón en el contexto que estamos viviendo de la construcción de arenas públicas y en la posibilidad de posicionar derechos, garantizando su ejercicio frente a los riesgos que estamos corriendo en Colombia y en el mundo”.
Diálogo de saberes
Los espacios de diálogo, entre charlas, mesas de trabajo y talleres, se centraron en la dimensión teórico-epistemológica, la enseñanza de dispositivos grupales y las intervenciones comunitarias e institucionales.
La conferencia central estuvo a cargo de la trabajadora social argentina, Mary Salazar, magíster en Criminología, especialista en Políticas Socioeducativas y docente de la Universidad Nacional de Cuyo, quien compartió nuevas miradas sobre el trabajo social con grupos en compañía de Miguel Rodríguez, cofundador y miembro de la Red de Investigadores en Conflicto y Paz (CONPAZ).
La conversación abordó temas como la dimensión teórico-epistemológica en la transformación académica, cómo habla el poder, el saber, el ser y la vida desde las lógicas y los procesos políticos; la problematización en el lugar que la academia ocupa en los procesos sociales. Se plantearon algunas preguntas: ¿Cómo podemos pensar entonces el trabajo social en un diálogo permanente entre la teoría, la práctica y la transformación?, ¿cómo pensamos la transformación en un diálogo con el reconocimiento de aquel que históricamente ha sido invisibilizado?
Los conferencistas resaltaron el asunto ético-político para la transformación en el territorio y la justicia social, ambiental, económica, en un abordaje real de las necesidades de la intervención profesional y los valores como trabajadores sociales desde el código de ética que rige la profesión.
Analizaron la defensa de la colectividad, las nuevas formas de expresión para entender y abordar las realidades, el recuperar la memoria y las prácticas ancestrales de los grupos, se puso el zoom en las colonialidades más allá del territorio y los lugares de enunciación. “Por supuesto que comparto el hecho de enunciarnos desde lo que somos, desde nuestras raíces, familia, formación, desde los grupos que tenemos en la universidad, grupos que de alguna manera nos permitieron crecer y habitamos en forma conjunta. Desde el territorio donde hacemos nuestros procesos de práctica interactiva, desde los diálogos que tenemos con los distintos colectivos, desde esos procesos de entramado que desarrollamos con las organizaciones de la sociedad civil, pero también desde las políticas públicas”, puntualizó la experta internacional.
Un libro colectivo
Durante el cierre se presentó el libro Abya Yala, escrito de manera colectiva por un grupo de profesionales del Nodo. “Se escribe desde diversas voces, en el mismo texto se encuentran diferentes reflexiones académicas que nos permiten recrear nuestros procesos de intervención y de investigación con grupos sociales. Tengo que decir que el texto se estructura con base en las diferentes dimensiones del cuerpo disciplinar. Hay reflexiones de tipo ético-político, epistemológicas, teóricas, metodológicas muy importantes que nos permiten identificar cómo está la producción de conocimiento en el Trabajo Social con grupos”, explicó la profesora Nora Muñoz, quien asumió la dirección del proyecto, el cual actualizó vacíos de información en la historia de la disciplina y se realizó una revisión a los programas académicos en Latinoamérica.
“Entonces, el libro en su conjunto nos posibilita entender cuál ha sido ese tránsito de los procesos de Trabajo Social con grupos y cuál es el lugar que ocupan la dirección ética y la política en todo lo que hacemos; porque esas apuestas epistémicas recogen saberes que no son considerados científicos por las ciencias sociales occidentales, recogen experiencias de grupos, eso se conecta con la importancia de visibilizar esos saberes que son parte de ese sistema de núcleo de problematización de las mismas sociedades. En este libro es importante ese recorrido, nos posibilita ubicarnos en otro lugar de reflexión frente a la producción del conocimiento y a la importancia de desarrollar intervenciones desde el paradigma situado”, agregó.
Esta cuarta edición del Encuentro Nacional de Trabajo Social con Grupos reunió 27 ponencias nacionales a cargo de instituciones de educación superior públicas y privadas, así como organizaciones sociales y profesionales independientes de ocho ciudades, en seis departamentos. La organización contó, además de las anfitrionas, con Uniminuto, Unimonserrate, Universidad de Caldas, Universidad de LaSalle y la Red Mitras; y con la participación de la Institución Universitaria Colegio Mayor de Cartagena, Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, Institución Universitaria de Envigado, Universidad Industrial de Santander, Universidad Mariana, entre otras.