De ropa hecha con fibras sacadas de la piña, del cáñamo, del plátano; de propuestas de diseño elaboradas a partir de prendas recuperadas, que cobran una segunda vida con nuevos diseños; de eso se trata esta historia, que tampoco se agota en la puesta en escena, esa es la vitrina de procesos que comienzan con una idea que quiere materializar productos sostenibles en una industria de gran consumo, y que lleva consigo conciencia ambiental y social, la búsqueda de nuevas maneras de hacer arte y un trabajo que honra el quehacer de las comunidades.
En su tercera edición, el Desfile de Moda Circular del TdeA hizo parte de la programación del segundo Simposio de Economía Circular, un encuentro que surgió precisamente del éxito de la primera experiencia del desfile y que hoy convoca a representantes del sector público, empresas y profesionales interesados en los desafíos ambientales y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Para Kellys Nallith Salcedo Hurtado, docente y coordinadora de programas de posgrado en el área ambiental de la Facultad de Ingeniería, la continuidad de esta propuesta responde al compromiso institucional con la sostenibilidad, consignado en las políticas del TdeA, y a la necesidad de llevar estos principios a las elecciones profesionales y en la vida cotidiana de la comunidad universitaria, esto teniendo como foco el sector de la moda, para el caso de este espacio.
Una apuesta que trasciende la pasarela
El impacto ambiental de la industria de la moda es una de las razones por las que el TdeA- Institución Universitaria, continúa impulsando esta iniciativa. La producción y el consumo de prendas demandan recursos como agua y materias primas, mientras que una parte importante de los textiles desechados termina en rellenos sanitarios, donde contribuye a la generación de emisiones de gases de efecto invernadero.
Frente a este panorama, el desfile busca sensibilizar a los estudiantes y a la comunidad universitaria sobre la importancia de aprovechar los objetos y materiales existentes, cuestionar el consumo excesivo y reconocer el valor de aquello que suele considerarse inservible.
“La moda es uno de los factores que más aportan cada día más al consumo, y al consumo de recursos, llámese agua, suelo, pero también genera un volumen importante de residuos al año, que generalmente van a parar a un relleno sanitario y terminan generando emisiones de gases de efecto invernadero”, explicó la docente, quien también coordinó el evento.
La puesta en escena fue, entonces, una oportunidad para mostrar cómo los diseñadores, investigadores, ingenieros y demás actores de esta industria pueden crear desde la sostenibilidad. Fue también una invitación a pensar más detenidamente sobre toda la cadena de suministro: desde la selección y la elaboración de los materiales hasta el consumo responsable y la disposición final de los productos, con el propósito de aprovechar los recursos y disminuir los impactos ambientales.
“Sostenibilidad” es una palabra enorme
La propuesta ha evolucionado en sus enfoques. En sus primeras ediciones, el trabajo se concentró en la transformación de prendas recolectadas y en la creatividad de quienes encontraban nuevas posibilidades en ellas. Esta vez, la mirada se amplió hacia los materiales de origen agroindustrial y la incorporación de otras expresiones artísticas.
En esta oportunidad, la experiencia fue traída por la Fundación Aquí Sí Hay Futuro, cuyo equipo presentó tres pasarelas con propuestas de diseño que abordaron la circularidad desde distintas perspectivas.
Un trabajo que demuestra claramente de qué se trata la moda circular y de sus posibilidades es la investigación orientada al aprovechamiento de fibras vegetales para la fabricación de hilos, telas y prendas.
Alejandro García González, director general de la fundación y líder empresarial del proyecto Moda Social, Sustentable y Artesanos, explicó que el trabajo investigativo se ha desarrollado durante aproximadamente cinco años. El equipo exploró cultivos de piña, plátano y cáñamo industrial en Colombia para identificar las posibilidades de aprovechamiento de sus fibras.
De las hojas de la planta de piña, del tallo del plátano y del cáñamo se obtienen fibras que, después de un proceso de investigación y transformación, pueden utilizarse para elaborar materiales textiles. La propuesta busca aprovechar partes de las plantas que normalmente no se destinan a estos usos y convertirlas en materia prima para nuevos productos.
A este trabajo se suma el desarrollo de biomateriales a partir de residuos orgánicos, como los provenientes de frutas y verduras. Según García González, estos materiales pueden tener una apariencia similar al cuero vegetal y utilizarse en la elaboración de bolsos, morrales, maletines, calzado y botones. La colección presentada en el TdeA permitió acercar estos procesos al público universitario y mostrar cómo la investigación puede materializarse en diseños concretos.
La pasarela también evidenció que la moda circular no depende de una única técnica. En ella confluyeron la recuperación de prendas usadas, la creación de nuevos textiles y la intervención artística de las superficies, demostrando que la sostenibilidad puede dialogar con distintas formas de expresión y diseño.
Así, la muestra incorporó la pintura en prendas con un trabajo animalista, que buscó destacar la importancia de rescatar, conservar y proteger las aves colombianas y mostrar la conexión con las mascotas. También se apreció la recuperación de ropa usada y la transformación en nuevas prendas, prolongando la vida útil de los textiles existentes, reduciendo la necesidad de producción. También se presentaron creaciones con procesos de transformación e investigación de fibras y telas.
Las propuestas mostraron que la circularidad puede expresarse mediante caminos complementarios: reutilizar, transformar, investigar y crear materiales alternativos; no consiste solo en fabricar objetos diferentes, sino en replantear la relación entre los recursos, los procesos productivos y el consumo.
Si se mira más de cerca, se ve la investigación con sentido social
Uno de los puntos más importantes es el trabajo con las comunidades. La fundación también conecta la innovación textil con la gente y sus saberes tradicionales, en un proyecto que tiene botas, pues se camina el país de arriba abajo.
García González explicó que el proyecto ha involucrado a artesanos, tejedores y comunidades indígenas y afrodescendientes, tanto en Colombia como en otros países, con el propósito de reconocer la ancestralidad y vincularla con nuevas posibilidades de creación.
La fundación ha trabajado con comunidades wayuu, con un lugar muy respetado en el mapa de artesanos de Colombia; igual que con los habitantes de Sampués, en Sucre, considerado, y con mucha razón, uno de los principales centros artesanales que hicieron famoso el tradicional trenzado en caña flecha; el proyecto también se fue para el Valle del Cauca y recorrió el pacífico para sumar a comunidades afrodescendientes. Tomó avión para ir a las comunidades afro de Senegal, las maya de Guatemala, y otras indígenas de Perú y Ecuador.
Lo que se deja en el campus
“Para mí lo más importante de este proyecto son tres cosas: la sensibilización, la concientización y la transformación”, señaló. También subrayó la importancia de que los emprendedores se apoyen entre sí y de demostrar que el trabajo en equipo permite materializar iniciativas que pueden parecer difíciles de alcanzar.
Esa dimensión social complementa el propósito educativo del desfile: inspirar a los estudiantes y a los asistentes a reconocer que las soluciones ambientales pueden surgir de la unión entre el conocimiento, la creatividad y la colaboración.
En el TdeA, juntos es mejor
Esta experiencia fue posible a la convocatoria de la Facultad de Ingeniería y al apoyo de Bienestar, Extensión, Comunicaciones y Cultura, entre otras áreas. Para Salcedo Hurtado, esta articulación demuestra que la sostenibilidad es una tarea transversal, que puede convocar a distintas áreas de la institución y generar experiencias compartidas para toda la comunidad universitaria.
El crecimiento de la iniciativa también se refleja en el simposio que la acompaña. De acuerdo con la docente, lo que comenzó como un evento local ha ampliado su alcance e incorporado universidades internacionales como organizadoras, además de establecer vínculos con actores de sectores como el empresarial y el gubernamental.











