Pluridiversos, estrategia de educación inclusiva del TdeA, realizó el “Pluri-lab: cuerpos y movimientos sin etiquetas”, un encuentro que reunió a estudiantes de la Institución y a integrantes del semillero Kinexis, de la Corporación Universitaria Minuto de Dios, para reflexionar sobre las diversidades desde el deporte, el arte y la corporalidad. La actividad, concebida como un laboratorio creativo y participativo, cuestionó prejuicios, reconoció capacidades diversas y abrió conversaciones en torno a la inclusión desde la experiencia compartida.
Un laboratorio para pensar la diferencia
La jornada comenzó con una presentación del sentido de Plurilab como estrategia pedagógica de Pluridiversos, e invitó a pensar la diversidad como una práctica que interpela la educación, el arte, el deporte y la vida cotidiana. En palabras de Laura Cárdenas Arciniegas, profesional universitaria de la Coordinación de la Política de Educación Inclusiva e Intercultural del TdeA, se trató de un laboratorio creativo para “pensarnos otras metodologías” y reconsiderar normas que suelen asumirse como fijas, especialmente en torno al cuerpo y al movimiento.
Cárdenas Arciniegas explicó, también, que el propósito de estos encuentros pasa por construir colectivamente otras maneras de aproximarse a la diferencia: “Plurilab es una estrategia colaborativa que busca que diferentes públicos de la Institución, tanto docentes como egresados, empleados, estudiantes, incluso colaboradores o personas de la ciudad que quieran participar, puedan crear a partir de la participación en torno a temas como la diversidad, las capacidades diversas, incluso las vulnerabilidades”.
Cuestionar los prejuicios a partir del juego
Luego de dividirse a los asistentes en tres equipos comenzó el juego. Los participantes pasaron por tres bases en las que el trabajo en equipo fue esencial. En la primera, según una obra de arte proyectada, los participantes debían representarla con sus cuerpos. En la segunda, tras organizarse en dos hileras, el reto era pasar pelotas de diferentes tamaños hasta encestarlas teniendo en cuenta unas restricciones. En la tercera, el objetivo era construir la torre más alta posible con materiales limitados suministrados. Los ejercicios tenían el propósito de poner en evidencia capacidades, dificultades, liderazgos, desacuerdos y modos de cooperación.
Tras el recorrido por las bases, varios participantes expresaron sus apreciaciones a partir de la experiencia y coincidieron en que el principal aprendizaje tuvo que ver con el trabajo en equipo y con la necesidad de reconocer el lugar de cada persona dentro del grupo. Juan Carlos, uno de los asistentes, contó que una de las actividades que mejor les salió fue la de encestar, porque, “había habilidades propias del equipo con el que estaba trabajando, fue bastante coordinado”. En contraste, explicó que el mayor reto apareció en la construcción de la torre, puesto que sintió que “no nos fue tan bien porque no nos pudimos poner de acuerdo desde el inicio. Aunque teníamos buenas ideas, ya ponerlas en práctica es distinto, porque uno piensa mucho, pero ya materializar la idea no es tan fácil”.
De la actividad a la reflexión
Después del juego, el laboratorio trajo al escenario una serie de frases cotidianas cargadas con prejuicios sobre mujeres, personas con discapacidad, población LGBTIQ+ e identidades étnicas para reflexionar colectivamente. Por ejemplo, frente a prejuicios como considerar “admirable” que una persona con discapacidad haga deporte, Camilo Londoño, estudiante de Licenciatura en Educación Física, Recreación y Deporte del TdeA y usuario de silla de ruedas, comentó que sentía que “la discapacidad no nos debe limitar a hacer deporte. He practicado demasiados deportes y me siento capacitado para estar en cualquiera”.
Laura González Borbón, líder del semillero Kinexis y profesora de Uniminuto, destacó el valor de un espacio “porque implica como deconstruir algo que se ve de manera muy normativa, que son los deportes; o sea, siempre los mismos cuerpos, las mismas habilidades, las mismas actividades y, al final del día, el movimiento no se reduce solo a eso”. A su vez, señaló que “el espacio fue muy enriquecedor para abrir otras líneas de investigación, otros contactos, otras posibilidades”.
Por su parte, Ana Sofía Salas, estudiante de Psicología de Uniminuto e integrante del semillero, consideró el laboratorio como “una experiencia muy grata. Nos enseñó y me quitó bastantes prejuicios que tenía acerca de la discapacidad en cuanto al deporte y en cuanto a la sociedad en general”.
“Pluri-lab: cuerpos y movimientos sin etiquetas” fue una experiencia que abordó la diversidad desde la experiencia, el encuentro y la posibilidad de repensar colectivamente cómo se habitan los cuerpos y los espacios.