La calidad en una institución de educación superior es un proceso permanente que implica revisar lo que se hace, reconocer los avances, identificar oportunidades de mejora y tomar decisiones para seguir evolucionando. Bajo esta perspectiva, el TdeA Institución Universitaria avanza en la ruta hacia su tercera Acreditación de alta calidad, proceso en el que la autoevaluación ocupa un lugar central.
El vicerrector académico, Fabio Alberto Vargas Agudelo, explica que este camino tiene como antecedente la Acreditación obtenida en 2016 y la reacreditación alcanzada en 2020, cuya vigencia se extendió por ocho años, hasta 2028. Desde entonces, el TdeA mantiene una dinámica de mejoramiento continuo con ejercicios de autoevaluación que implican planes y proyectos orientados a fortalecer sus procesos misionales, lo que se ha enmarcado en un proceso de sensibilización, que ha denominado la comunidad “Vamos por la tercera Acreditación”
Una acreditación que trasciende el reconocimiento
Para el vicerrector, la Acreditación de alta calidad representa, más que un sello, un reconocimiento que abre posibilidades para la Institución, sus estudiantes, profesores, egresados y administrativos, al favorecer la participación en escenarios académicos, investigativos y de internacionalización, así como el relacionamiento con otras instituciones de educación superior nacionales e internacionales.
En el caso de los estudiantes, por ejemplo, una institución acreditada puede facilitar procesos de convalidación de títulos en el extranjero mediante los mecanismos y convenios correspondientes. También amplía las posibilidades de participación en convocatorias de investigación en otros países o en el propio y en procesos con organismos acreditadores internacionales.
“Es un conjunto de beneficios que permiten que el TdeA siga mejorando cada día más, tanto en sus procesos de investigación, docencia, extensión, y que trae beneficios para profesores, estudiantes, egresados y administrativos”, explica.
Por eso, la aspiración institucional es avanzar hacia una tercera acreditación que ratifique el camino recorrido y, al mismo tiempo, proyecte nuevos retos. La meta planteada es alcanzar una vigencia de diez años, la máxima contemplada actualmente por el Consejo Nacional de Acreditación (CNA).
Y, ahora, en un nivel más alto que el reconocimiento está una dinámica en la que la calidad debe mantenerse. En esa lógica se inscribe un punto clave: la autoevaluación institucional, que en ejercicios anteriores ha llevado a planes de mejoramiento y, por ende, a grandes avances y que se desarrolla nuevamente durante 2026, acción neurálgica para consolidar la información necesaria para avanzar hacia la tercera Acreditación.
La comunidad institucional, protagonista del proceso
Si la tercera Acreditación es el horizonte, la autoevaluación es el camino inmediato. Este año, se adelanta el último ejercicio, de tres, correspondiente al periodo de su actual Acreditación, busca recoger la mirada de quienes hacen parte de la Institución y de quienes se relacionan con ella.
Estudiantes, docentes, administrativos, egresados y aliados estratégicos están llamados a participar. La intención es conocer cómo perciben al TdeA en diferentes dimensiones: la docencia, la investigación, la infraestructura, el bienestar, la internacionalización y otros aspectos que hacen parte de los factores definidos para la evaluación de la calidad. “Con la autoevaluación buscamos que la comunidad nos cuente cómo ve al TdeA”, menciona el vicerrector.
El ejercicio ya comenzó con reuniones con administrativos y líderes de proceso, a quienes se les han presentado los factores, características y aspectos que serán considerados. A través de entrevistas, cada área aporta información sobre sus resultados, logros e impactos.
La participación se ampliará durante septiembre, octubre y noviembre, cuando se aplicarán instrumentos a estudiantes, docentes, administrativos y empleadores. De esta manera, la Institución busca que la autoevaluación no sea una mirada exclusiva de sus directivos o de determinadas dependencias, sino un ejercicio colectivo.
Uno de los elementos que amplía el alcance de este ejercicio es la presencia del TdeA en los territorios. “Este proceso final que estamos haciendo va a recoger toda la comunidad, incluyendo territorio TdeA”, precisa el vicerrector.
La información obtenida durante 2026 será consolidada en 2027 para elaborar el informe de autoevaluación. Posteriormente, el documento será validado y presentado ante el Ministerio de Educación Nacional, entre mayo y junio de ese año.
Si la documentación cumple con los requisitos, se programará la visita de pares nacionales e internacionales, prevista para octubre o noviembre de 2027. En esa etapa, los pares revisarán la información consignada en el informe y verificarán cómo se desarrollan los procesos en la Institución. De esto, se producirá el concepto correspondiente del CNA, que será determinante para la aspiración del TdeA de obtener su tercera acreditación y avanzar de una vigencia de ocho a diez años.
Doce factores para mirar integralmente a la institución
La autoevaluación parte de los referentes establecidos por el CNA. De acuerdo con la explicación del vicerrector, el proceso contempla 12 factores relacionados con dimensiones como la identidad y misión institucional, los estudiantes, los profesores, los egresados, los procesos académicos y curriculares, la investigación y la innovación, la extensión, el impacto y la relación con el territorio, la internacionalización y la interculturalidad, el bienestar y la inclusión, y la sostenibilidad y la infraestructura física y tecnológica.
Pero más allá de la cantidad de elementos que se revisan, el énfasis está en comprender qué tan efectiva ha sido la institución en aquello que se propone hacer. El modelo de evaluación contempla tres grandes dimensiones: las capacidades institucionales, los procesos y los resultados.
Precisamente, este último componente adquiere especial relevancia. El vicerrector puntualiza que el modelo actual del CNA pone un énfasis importante: “Nos están pidiendo mostrar los resultados. Pero no solamente en números, sino en los logros y cuáles son los impactos que tenemos”.
Así, la autoevaluación no consiste únicamente en reunir cifras o describir actividades. El desafío es demostrar cómo las capacidades y los procesos institucionales se han traducido en transformaciones y resultados durante los ocho años de la actual Acreditación. En palabras del vicerrector, se trata de evidenciar que “la Institución no se ha estancado, sino que ha venido evolucionando y mejorando”.
Mirar lo que se ha hecho para decidir lo que sigue
Los ejercicios anteriores de autoevaluación han permitido identificar oportunidades de mejora que posteriormente se convierten en acciones y proyectos concretos. Entre los resultados de esos procesos, Vargas Agudelo destaca actualizaciones de políticas institucionales, el fortalecimiento de convocatorias para proyectos de investigación y nuevas posibilidades de internacionalización.
También señala avances relacionados con la cualificación docente, entre ellos el fortalecimiento de la formación doctoral y posdoctoral, la movilidad nacional e internacional y el crecimiento progresivo de la planta docente, acciones que han buscado fortalecer las funciones misionales.
La lógica, entonces, no es evaluar para cerrar un ciclo, sino evaluar para abrir el siguiente. La experiencia institucional también muestra que una acreditación no representa el final del camino. Después de cada proceso llegan nuevas acciones de mejora que deben ser incorporadas a la planeación institucional. “Pues lo más importante es sostener esa Acreditación”, afirma el vicerrector.
Para ello, las acciones derivadas de los procesos de evaluación deben articularse con el Plan de Desarrollo 2026-2030 “Inspirar el Presente, Transformar el Futuro” y convertirse en proyectos. El propósito último es que la calidad no permanezca como un concepto asociado únicamente al reconocimiento institucional, sino que pueda verse en los procesos misionales: en los resultados de aprendizaje de los estudiantes, en la participación de los docentes en escenarios nacionales e internacionales, en la investigación, en la extensión y en una infraestructura tecnológica que responda a las necesidades de la alta calidad.
Por eso, el proceso también demanda recursos y decisiones que permitan sostener y profundizar los avances alcanzados. “Nos va exigiendo siempre más y más”, resume Vargas Agudelo, al destacar que la mejora continua implica fortalecer de manera permanente los diferentes procesos institucionales.
Una invitación a participar y construir la mirada institucional
“Les reitero la invitación para que participemos en este proceso de autoevaluación con fines a nuestra tercera acreditación institucional. La autoevaluación es un espacio y un instrumento que nos permite dar una mirada de cómo estamos, qué hay por mejorar”, invita el vicerrector a la comunidad académica.
La tercera acreditación será el resultado de un camino institucional que comenzó años atrás, pero su construcción ocurre también en el presente. Y ese presente tiene una tarea concreta: mirar al TdeA con responsabilidad y en su contexto, reconocer sus capacidades, demostrar sus resultados e identificar las oportunidades que le permitan seguir avanzando en el camino de la alta calidad. ¡Vamos por la tercera!