Las trayectorias educativas de las personas con discapacidad se construyen a lo largo de las distintas etapas de su formación. Comprenden las experiencias y los apoyos recibidos en la educación básica y media, las condiciones para acceder, participar, permanecer y graduarse de la educación superior, así como el tránsito hacia el mundo laboral y otros espacios de la vida cotidiana, en los que también deben garantizarse sus derechos. Esta perspectiva orientó el VIII Encuentro Nacional de la Red Colombiana de Instituciones de Educación Superior para la Discapacidad (Red CIESD).
Las actividades comenzaron el 5 de octubre en el TdeA, con una reunión de liderazgos de los nodos regionales de la Red y la producción de un videopódcast sobre sus experiencias y retos. En este espacio, Sara María Muñoz Hernández, estudiante de la Licenciatura en Literatura y Lengua Castellana del TdeA, relató que “durante los dos primeros semestres hablaba todo el tiempo de que me había caído, me había golpeado o tropezado, porque no tenía la visión suficiente para identificar los huecos o las escalas. Desde este semestre, la profesora Gloria y Pluridiversos me ayudaron a gestionar el bastón. Eso me ha permitido desplazarme con mayor independencia en el TdeA y llegar a bloques que antes me generaban mucho temor”.
La jornada central se desarrolló el 6 de octubre en el Auditorio Forum de la Universidad Pontificia Bolivariana, donde confluyeron directivos, docentes, estudiantes, organizaciones sociales y entidades de diferentes regiones del país. Bajo el tema “Trayectorias educativas de personas con discapacidad en la educación superior: la universidad como un lugar de posibilidades”, el encuentro propició conversaciones sobre los apoyos requeridos durante cada etapa formativa, las barreras que aún persisten y las responsabilidades compartidas por las instituciones educativas, el Estado, las familias y el sector productivo.
Laura Cárdenas Arciniegas, coordinadora de Pluridiversos, explicó que “El TdeA ha venido afianzando su gestión a partir de la articulación con otras universidades y de entender que no estamos solos. Los modelos de educación superior tienen grandes desafíos, lo que implica trabajar con las poblaciones, fortalecer la gestión administrativa y contar con directivos comprometidos con el proceso estratégico”.
Nicolás Blandón Bermúdez, psicólogo egresado del TdeA y profesional de Pluridiversos, destacó que “Durante el 5 y el 6 de octubre, el equipo de Pluridiversos coorganizó y colideró el encuentro. Estudiantes, docentes, contratistas y líderes de proceso participaron en escenarios académicos, culturales, artísticos y deportivos, y dieron cuenta de las acciones afirmativas, los sistemas de apoyo, los ajustes razonables, la flexibilización curricular, la participación y el liderazgo”.
Los apoyos hacen posible una trayectoria
La conferencia central estuvo a cargo de Johan Andrés Rodríguez, abogado, docente universitario y persona ciega, quien reconstruyó su trayectoria educativa para mostrar que el acceso y la permanencia no dependen exclusivamente de los esfuerzos individuales. La familia, los docentes, los compañeros, la tecnología y las decisiones institucionales pueden facilitar o interrumpir esos recorridos.
“Los apoyos son los que nos acompañan y hace posible lo que se desea, aunque a veces hacen posibles cosas que inicialmente no se estaban pensando. En mi trayectoria, el primer apoyo fue mi familia; después aparecieron los apoyos humanos, un amigo que ayudaba a movilizarme, una persona que leía en voz alta o alguien que describía un video. También llegaron los apoyos tecnológicos. Todos pueden marcar la diferencia en la escuela, el colegio y la universidad”, manifestó.
Rodríguez insistió en que “el derecho a la accesibilidad no es solamente tener una rampa o un ascensor. También incluye los avisos, la Lengua de Señas, la forma como el profesor explica y las herramientas que utiliza. A veces son pequeños detalles, como verbalizar lo que se escribe en el tablero, los que cambian la posibilidad de participar”. A su vez, recordó que “las personas con discapacidad tienen derecho al error, tienen derecho a equivocarse. Podemos hacer esfuerzos para adaptar la infraestructura, las clases, los currículos y los exámenes, pero eso no significa que todas tengan que graduarse”.
Barreras que persisten en los tránsitos educativos
El conversatorio sobre el paso de la educación básica y media a la educación superior reunió las experiencias de estudiantes, una egresada y una docente. Gloria Cecilia Agudelo Alzate, docente y profesional de apoyo para ajustes razonables en la educación superior del TdeA, señaló que “la primera barrera con que se encuentran las personas con discapacidad es la actitudinal, la más fuerte y difícil de superar. Otra muy desgastante es la administrativa, porque todavía no se reconoce que algunas personas requieren tiempos diferentes a los definidos para todos en el currículo. Además, en cada tránsito parece borrarse la información, puesto que el estudiante cambia de nivel, de grado o de semestre y debe volver a contar su historia y explicar los apoyos que necesita”.
Andrea Colorado, psicóloga egresada de la UPB y persona con baja visión, coincidió en que cambiar de grado o semestre significaba reiniciar el proceso de reconocimiento con los docentes.
“Yo pasaba de grado, pasaba de semestre, pero me tocaba comenzar desde cero. Los profesores tenían que volver a conocerme y no sabían que iba a llegar una persona con discapacidad. Aunque existía disposición para acompañarme, no todos tenían la formación o la experiencia y, en ocasiones, acceder a los materiales era complejo”, indicó.
Brian Rendón, estudiante universitario sordo, centró su intervención en las condiciones comunicativas. Explicó que durante su etapa escolar enfrentó demoras en la contratación del servicio de interpretación, mientras que en la educación superior ha contado con intérprete y materiales accesibles. “Para las personas sordas, la mayor barrera es la comunicación; si está el intérprete, esa barrera no se genera”, sostuvo.
Construir con las personas
La Red CIESD articula el trabajo de más de 120 instituciones de educación superior y cuenta con nodos en diferentes regiones del país. María Isabel Pinzón, coordinadora nacional de la Red, explicó que “no buscamos que todas las universidades hagan exactamente lo mismo, buscamos aprender unas de otras, compartir aquello que ha funcionado, reconocer lo que debemos mejorar y encontrar respuestas que puedan adaptarse a los diferentes contextos. No podemos hablar de las trayectorias de las personas con discapacidad sin escuchar sus voces, reconocer sus experiencias y garantizar su participación en las decisiones que les afectan”.
Durante la jornada se presentaron videopíldoras con experiencias de los nodos regionales, productos de investigación, el Colaboratorio de la Red y una publicación sobre sus 20 años de trayectoria. La programación también incluyó espacios para emprendimientos, una activación de deporte inclusivo y diez mesas de cocreación sobre políticas institucionales, formación docente, bienestar, accesibilidad, flexibilización curricular y ajustes razonables.
Las recomendaciones formuladas en las mesas serán insumos para el trabajo de la Red. Como concluyó Laura Cárdenas Arciniegas, “lo importante es que las voces, los gestos, las acciones, las corporalidades y las identidades sean de las personas con discapacidad y se hagan visibles. Ellos y ellas lo dicen: ‘Nada de nosotros sin nosotros’. Este es un escenario que construimos y abrimos para su participación”.














