Un estudio liderado por el profesor Eduardo Amat, miembro del Grupo de Investigación Bioforense, adscrito a la Facultad de Derecho y Ciencias Forenses del TdeA, permitió el redescubrimiento del género Dorylomorpha en Suramérica y la descripción de dos nuevos subgéneros y 11 nuevas especies de estas moscas de la familia Pipunculidae, conocidas como “moscas cabezonas”.
El trabajo, desarrollado por un equipo científico integrado por investigadores del TdeA, la Universidad de la Amazonia (UDLA) y el Instituto Nacional de Pesquisas da Amazônia (INPA, Brasil), fue publicado en la revista Zootaxa en febrero de 2026.
Antes de este hallazgo, en Suramérica solo se conocían tres especies de Dorylomorpha. Con este estudio, el registro para la región asciende a 14 especies, lo que ubica a Colombia como epicentro de diversidad para este género en el Neotrópico, al concentrar la mayor proporción de especies registradas (10 en Colombia, 2 en Brasil y 2 en Ecuador). Además de su valor taxonómico, los resultados refuerzan la importancia de los ecosistemas andinos, en este caso bosques de alta montaña y páramos, como refugios de biodiversidad aún poco conocida.
Un hallazgo liderado por el TdeA
Amat, biólogo de la Pontificia Universidad Javeriana y magíster y doctor en Entomología del INPA (Brasil), explica que la investigación hace parte de un estudio colaborativo en el marco de su trabajo de grado como magister y surgió tras preguntarse con su director, el dipterólogo (especialista en moscas) José Albertino Rafael, por qué solo se habían registrado tres especies de estas moscas si Suramérica, y particularmente Brasil, Colombia y Ecuador, está entre los países más biodiversos del mundo.
“Creíamos que no eran tan comunes o fáciles de encontrar, pero posiblemente es porque no las estamos buscando de la mejor manera, ni con las mejores metodologías para para atraparlas o estudiarlas en campo. Hasta antes del estudio solamente se conocían tres especies en toda Suramérica, una en Colombia, una en Brasil y una en Ecuador. Entonces, nos llamó mucho la atención y empezamos a buscar colecciones entomológicas colombianas y suramericanas donde tuvieran de estas mosquitas. Las visitamos y solicitamos préstamos para revisarlas con detalle y saber si realmente eran nuevas especies”, agregó Amat.
Las colecciones entomológicas permiten este tipo de descubrimientos porque, como señala el investigador, “no necesariamente uno tiene que ir a campo a recolectarlas e ir detrás de ellas, sino que ya pueden estar depositadas en una colección y nadie las vio antes. Por eso se dice, también, que es un redescubrimiento”.
En esa línea, destaca que el TdeA cuenta con una colección entomológica adscrita al Grupo de Investigación Bioforense, con más de 162 mil especímenes, de los cuales 68.738 han sido documentados con información abierta en la plataforma Global Biodiversity Information Facility (GBIF).
Las nuevas especies de moscas Dorylomorpha
El docente e investigador del TdeA explica que esta familia es particular porque “los ojos representan entre el 80% y el 90% de su cabeza, lo que la hace muy fácilmente reconocible”. Añade que son moscas pequeñas, de alrededor de 5 milímetros, y que, al creerse poco comunes, han sido poco estudiadas: “No sabíamos qué hacían, dónde vivían, qué comían, cómo se aparean y buscan pareja, ni cómo se comportan”.
Hasta ahora, se sabe que estas moscas son parasitoides, pues las hembras ponen sus huevos dentro de otros insectos, específicamente en “chicharras”, y pueden reconocerse morfológicamente.
Sobre el proceso de confirmación de las especies, Amat señaló: “A esas tres especies que se conocían antes del estudio se fueron sumando nuevas de este mismo grupo. Para confirmar que eran especies nuevas, revisamos unas estructuras internas de la mosquita, sobre todo del macho, que en su aparato reproductor tiene una serie de estructuras u ornamentos que cambian entre especies”.
Las especies descubiertas fueron clasificadas en dos subgéneros. Nueve, al ser de bosques montaña, recibieron el nombre de “Montinicola”, que significa “habitante de la montaña”; las otras dos fueron denominadas “Paramuna”, porque viven en los páramos. Dividirlas en dos subgéneros, añade el investigador, “desde el punto de vista taxonómico, es mucho más valioso, porque encontrar una especie es muy novedoso, pero encontrar un subgénero no ocurre todos los días”.
A las nuevas especies del subgénero Montinicola se les dio el nombre, principalmente, por el lugar donde fueron encontradas: Dorylomorpha (M.) boyacensis (Boyacá), Dorylomorpha (M.) brasiliensis (Brasil), Dorylomorpha (M.) chingaensis (Parque Nacional Natural Chingaza), Dorylomorpha (M.) ecuadorensis (Ecuador), Dorylomorpha (M.) flaviabdominalis (por su abdomen amarillo), Dorylomorpha (M.) huilensis (Huila), Dorylomorpha (M.) narignensis (Nariño), Dorylomorpha (M.) risaraldensis (Risaralda) y Dorylomorpha (M.) santamartensis (Santa Marta).
Las nuevas especies del subgénero Paramuna son: Dorylomorpha (Paramuna) nigripes (por sus patas negras) y Dorylomorpha (Paramuna) flavipes (por sus patas amarillas).
La importancia de las zonas de conservación
De los ejemplares analizados (192 especímenes), el 89% provino de parques nacionales naturales, santuarios de fauna y flora y zonas de conservación, lo que ratifica, como señala el académico, “que estas zonas protegidas son importantes porque realmente sí están protegiendo la fauna. Todavía dentro de esas áreas hay un importante número de especies que no conocemos”.
A su vez, considera que, al habitar en zonas altas de montañas y páramos, estas moscas “son muy susceptibles al cambio climático. Los organismos que viven en esos ambientes tan altos son más sensibles a los cambios de temperatura. Entonces, estas especies, recién descubiertas, ya están amenazadas”.
Finalmente, el investigador del TdeA afirmó que “Colombia, por su posición geográfica, topografía y geología compleja, alberga una cantidad de fauna, flora y funga (hongos) inmensamente rica y diversa, quedando mucho por describir y descubrir”.