¿Cuál es la idea que tenemos de humanidad?, ¿qué significa ser verdaderamente humano? Este fue el punto de partida de una reflexión sobre la manera en que pensamos, sentimos, tomamos decisiones y nos relacionamos. Con ejemplos cotidianos, humor y experiencias de su trayectoria profesional, el médico Andrés Aguirre Martínez, quien estuvo al frente del Hospital Pablo Tobón Uribe durante 22 años, invitó a la comunidad del TdeA Institución Universitaria a reconocer que la humanidad no es una condición que se alcanza de una vez y para siempre, es una construcción cotidiana que requiere reflexión, conciencia y voluntad.
La charla “Inspirar vidas: ser + humanos” se realizó el 15 de octubre en el Auditorio Gilberto Echeverri Mejía, en el marco de las Jornadas de la Salud, dentro de la programación del Mes de la Salud Mental, que tiene como lema “Tu mente también merece cuidado”.
Planteó que, a diferencia de otras especies, los seres humanos tenemos la posibilidad de elegir cómo queremos vivir y ser. Esto implica una responsabilidad para no caer en comportamientos que alejan de la propia humanidad. “Lo más esencial del ser humano, parece una obviedad, es verdaderamente ser un ser humano. Albert Camus, el escritor y filósofo, dijo que el hombre es la única criatura que se niega a ser lo que es”, con esta frase comenzó su exposición sobre la deshumanización a la que podemos llegar y a la humanización a la que debemos regresar, pero que se debe trabajar.
Pensarse para vivir mejor
Una de las primeras invitaciones del conferencista fue aprender a pensarse, detenerse, porque pensar bien no es lo mismo que pensar rápido. Pensarse implica examinar creencias y es lo que realmente logra cambiar vidas. El ejercicio es especialmente importante porque, como explicó, la vida no tiene respuestas únicas ni funciona como una operación matemática. Las circunstancias cambian, las certezas pueden resultar equivocadas y, en ocasiones, no sabemos qué hacer. Por eso, responder con rapidez no siempre significa pensar bien: hay que aprender a hacer una pausa, deliberar y revisar nuestras interpretaciones antes de actuar. El autoconocimiento, añadió, permite identificar fortalezas y limitaciones. No se trata de alcanzar la perfección, sino de aspirar a la excelencia, aprender de los errores. Los tres “fracasos” de los que hay que alejarse son: el cognitivo, el resentimiento y el de la voluntad. Pensarse distinto para actuar distinto.
En este último aspecto, la voluntad que cumple un papel fundamental, destacó tres capacidades para desarrollarla: frenar los impulsos, concentrarse para deliberar y mantener el esfuerzo necesario para alcanzar objetivos. Ser más humanos, entonces, no consiste en hacer todo lo que se nos ocurre, sino en elegir conscientemente cómo queremos actuar.
Esta reflexión también exige reconocer la relación del pasado, presente y futuro. Comprender lo vivido ayuda a aprender de la experiencia, mirar hacia adelante para preguntarnos qué queremos construir, cuál es nuestro propósito y a qué estamos dedicando el tiempo, en esto último, pensarse hace parte de aprovecharlo, para no tener que invertirlo en reparaciones de daños prevenibles.
Los valores se demuestran en las decisiones
Otro de los ejes de la conferencia fue la diferencia entre declarar que tenemos determinados valores y ponerlos en práctica. Para Aguirre, los valores son criterios que orientan nuestras decisiones: aquello que consideramos importante y que elegimos de manera consistente. La intención importa, pero debe traducirse en comportamientos.
El conferencista subrayó, además, que los valores no solo se comprenden intelectualmente: también deben movilizar nuestros sentimientos. Respetar, incluir y cuidar al otro requiere entender por qué esas acciones son importantes y desarrollar una disposición genuina a realizarlas.
Cuidar es ayudar al otro a florecer
La reflexión adquirió especial significado al abordar el cuidado, entendido como una condición para ejercer esa naturaleza de “ser humano”. Explicó que cuidar tiene varias dimensiones: reparar aquello que se ha deteriorado, prevenir el daño y contribuir a que el otro pueda desarrollarse y florecer.
Esta idea invita a llevar el cuidado más allá de la atención de una enfermedad. También supone reconocer los errores, ofrecer disculpas, reparar relaciones y evitar acciones que puedan lastimar. Cuidar es asumir que nuestras decisiones tienen consecuencias en la vida de quienes nos rodean.
Bienestar necesario
El conferencista relacionó esta responsabilidad con la construcción del bienestar, resaltando algunos componentes: la salud mental y el equilibrio emocional, las relaciones personales saludables y un propósito que dé sentido a la vida. El equilibrio, aclaró, no significa permanecer impasibles ante lo que ocurre, sino desarrollar la capacidad de responder de manera adecuada a las circunstancias. En ese camino, la gentileza, la amabilidad y la gratitud también tienen un lugar importante. Los gestos sencillos, la escucha y el reconocimiento de los demás pueden contribuir a relaciones más saludables y a entornos en los que las personas se sientan acompañadas.
Inspirar con el ejemplo
La conferencia cerró con una invitación a reconocer la importancia de los referentes en la formación personal. Los seres humanos aprendemos de quienes nos rodean, de las relaciones que construimos y de los modelos que elegimos seguir. Por eso, vale la pena preguntarnos a quién admiramos, qué aprendemos de esa persona y, al mismo tiempo, qué ejemplo estamos ofreciendo a los demás. Para el conferencista, inspirar no consiste únicamente en pronunciar palabras motivadoras, sino en convertirse, mediante las acciones, en alguien de quien otros puedan aprender. La posibilidad de transformar la realidad comienza en el entorno cercano.
Así, “Inspirar vidas: ser + humanos” dejó una reflexión que trasciende el espacio de la conferencia: no podemos elegir todas las circunstancias que nos corresponden, pero sí podemos trabajar en la manera de responder a ellas. Conocernos, cultivar la voluntad, actuar de acuerdo con nuestros valores y cuidar a los demás son decisiones que, practicadas cada día, contribuyen tanto al bienestar propio como a la construcción de una comunidad más humana.











