Del 14 al 17 de octubre, se realiza la VI Semana de la Excelencia Académica, organizada por la Facultad de Ciencias Administrativas y Económicas (FCAE). Un espacio donde se ponen sobre la mesa temas actuales, bajo la lupa de la academia, todo en un férreo compromiso por la calidad de los programas.
El inicio fue diferente, partió con una pregunta: ¿Qué hace que una idea, una tecnología o una nueva metodología sea realmente innovadora? Este interrogante orientó el laboratorio vivo “¿Esto es innovación?”, una experiencia participativa desarrollada por el Centro de Emprendimiento, Transparencia e Innovación (CETI) del TdeA.
La actividad, liderada por Juan Camilo Zapata, su coordinador, invitó a los asistentes a asumir el papel de un comité evaluador de innovación de la institución. A través de un software diseñado por esta dependencia, los participantes analizaron diferentes situaciones y votaron si correspondían o no a una innovación. En lugar de ofrecer una charla convencional, el ejercicio propuso una dinámica de análisis y reflexión. La experiencia buscaba relacionar estas reflexiones con el Plan de Desarrollo Institucional del TdeA y con la importancia de comprender la innovación como un componente transversal de la gestión universitaria.
Parece, pero no es
El primer caso planteó una situación cada vez más frecuente: una facultad implementa una herramienta de inteligencia artificial para apoyar a sus docentes y comunica que ha innovado en sus procesos académicos. Frente a este escenario, las orientadoras invitaron a examinar algo más que la incorporación de una tecnología: ¿qué problema se pretende resolver y qué ha cambiado con respecto a la manera en que se realizaba anteriormente el proceso? La conclusión es que incorporar tecnología no significa, por sí solo, innovar. Es necesario demostrar que su implementación contribuye a resolver una dificultad o a mejorar una situación concreta.
El segundo caso llevó la reflexión al aula. Un docente transforma por completo su manera de desarrollar una clase mediante juegos, tarjetas, trabajo colaborativo, movimiento y retos, y presenta la metodología como una propuesta innovadora. La situación permitió profundizar en la diferencia entre hacer algo distinto y generar una innovación, para considerarla como tal, debe producir resultados tangibles, ser mejor, beneficiar a las personas involucradas y demostrar mejoras en los procesos, los servicios o las experiencias, es decir, generar valor.
El tercer escenario presentó la propuesta de un grupo de estudiantes que desarrolla una plataforma para conectar a sus compañeros con empresas y facilitar el acceso a oportunidades de empleo. Aunque la iniciativa responda a una necesidad pertinente, tener una idea no significa que ya exista una innovación. Las orientadoras explicaron que es necesario establecer qué valor diferencial ofrecería la propuesta frente a las alternativas existentes.
El cuarto caso propuso otra situación: un área del TdeA identifica una dificultad que enfrentan los estudiantes para acceder a determinados servicios institucionales y, en vez de construir inmediatamente una plataforma tecnológica, prueba primero una solución no automatizada con 50 estudiantes. En este escenario, las orientadoras destacaron la importancia de la validación. Antes de afirmar que una solución es innovadora, se deben analizar los resultados de las pruebas mediante indicadores como la cantidad de estudiantes que la utilizan y sus niveles de satisfacción. Estos datos permiten establecer si hubo una mejora significativa en el proceso o en el servicio. Por tanto, validar una solución tampoco significa necesariamente haber innovado. La innovación debe sustentarse en los resultados obtenidos y en el valor que efectivamente genera.
El quinto caso abordó una situación que puede presentarse en las organizaciones: una plataforma logra agilizar procesos durante su etapa piloto y demuestra mejoras importantes, pero, después de un año de funcionamiento, apenas registra un 2 % de uso, mientras las personas continúan realizando los procedimientos manualmente. La reflexión se centró en la diferencia entre desarrollar una solución que funciona y conseguir que esta sea apropiada por sus usuarios. Las orientadoras recordaron que la innovación requiere aceptación por parte del público al que está dirigida. Si una mejora no es acogida, utilizada o valorada, sus resultados deben analizarse para determinar si realmente responde a las necesidades identificadas.
La fórmula de la innovación
La sexta situación propuso que una cafetería identificó que muchos estudiantes tienen restricciones alimentarias y preferencias específicas. Se realizaron pruebas por tres meses y se ajustó la oferta, encontrando una línea vegana que aumentó la satisfacción en un 45 % y las ventas en un 35 %, además trajo una negociación de tres nuevos puestos móviles en lugares estratégicos del campus. Este caso sumó: oportunidad, solución, experimentación, evidencia y validación, implementación, adopción, valor agregado, transformación, igual a innovación.
Juan Camilo Zapata resaltó que la innovación es un conjunto de elementos que resuelven un problema y posibilitan valor agregado y aceptación. “Si se dan cuenta, cuando iniciamos este espacio, muchos pudieron pensar que una idea, una tecnología, se podría concebir como innovación, pero ya hemos entendido que por sí solas no lo son, que requiere poner en marcha todas sus capacidades y aplicar, desde su saber, ese conjunto de elementos que ya mencionamos”, enfatizó.
De esta manera, el laboratorio vivo propuso una mirada crítica sobre el concepto de innovación: más allá de las ideas, las herramientas o los cambios metodológicos, el desafío está en resolver problemas, demostrar resultados y generar valor para las personas y las organizaciones.
La Semana de la Excelencia Académica ofreció otros espacios para la formación, actualización y debate como “Internacionalización: talento, conocimiento y redes como ventajas competitivas”, “Portafolios de inversión en la industria aseguradora. Macrotendencias y estrategias” y “Prevenir el fraude es parte de la educación financiera”. Sigue la programación con las conferencias “Claves del presupuesto público y el éxito del POAI en entidades territoriales”, “Comunicación no verbal para la toma de decisiones empresariales” y termina con “Organizaciones que aprenden: cómo la IA transforma la gestión de procesos”.











