Ante una posible crisis regional por los embates del cambio climático y una inestabilidad e incertidumbre global, la transición energética fue uno de los temas centrales del conversatorio “Circularidad y competitividad: la ventaja sostenible, transición energética”, realizado el 6 de octubre en el Auditorio Gilberto Echeverri Mejía del campus Robledo del TdeA Institución Universitaria, en el marco del Medellín Climate Week. El encuentro, organizado por el TdeA, ERCO y el Clúster de Energía Sostenible, reunió a representantes de la academia, el sector empresarial y el ecosistema energético para reflexionar sobre los desafíos en el avance hacia modelos de producción y consumo sostenible.
Para Diana Lawrence Pedroza, profesional del Clúster de Energía Sostenible de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, la transición energética implica mucho más que transformar las fuentes de generación. Se trata también de asumir un cambio de mentalidad que atraviese los procesos y aplicaciones del sector energético y que contribuya a la descarbonización. Desde esta perspectiva, la transformación requiere articulación de diferentes actores y comprensión de que las decisiones relacionadas con la energía tienen efectos sobre la sociedad, la economía y el desarrollo. “El tema debe verse como competitividad”, señaló.
En esa misma línea, el docente del TdeA Santiago Hoyos Velásquez, explicó que la transición energética responde a una estrategia internacional orientada a descarbonizar la economía, mediante la transformación tanto del consumo como de la generación de energía. Esto supone avanzar desde el uso de combustibles y fuentes fósiles hacia alternativas más limpias y renovables, en un proceso que, según detalló, ya lleva más de una década y que todavía requerirá varios años de transformación. A ello se suma la innovación tecnológica y la aparición de nuevos modelos de negocio que buscan hacer más eficiente el uso de la energía. “Básicamente el tema de transición energética es una estrategia internacional para descarbonizar la economía”, afirmó.
Por su parte, Juan Felipe Puerta, gerente de Energía de ERCO, puso el énfasis en que la transición debe comprenderse de acuerdo con las particularidades de cada país. En el caso colombiano, destacó las características de una matriz energética con una importante participación de la generación hidroeléctrica, por lo que el desafío no se limita a cambiar las fuentes de generación, sino que también está relacionado con utilizar la energía de manera cada vez más eficiente. En este punto, vinculó directamente la transición energética con la economía circular y con la necesidad de incorporar prácticas que optimicen los procesos. “Yo creo que la transición energética en Colombia está mucho más enfocada a el uso eficiente de la energía”, expresó.
El docente del TdeA Joan Sebastian Ruiz Zapata y líder del Semillero Energía Inteligente amplió la mirada hacia una perspectiva de sostenibilidad integral. Para él, la transición energética forma parte de un proceso más amplio en el que la humanidad busca garantizar su permanencia y desarrollo en el planeta. Por eso, además de la transformación energética, contempla cambios económicos, sociales y tecnológicos, entre otros, que deben avanzar de manera articulada. “Es como la intención de que la raza humana siga prosperando, siga evolucionando en este planeta”, resumió.
Más allá de las particularidades de cada perspectiva, el panel permitió reconocer que la transición energética demanda transformaciones que involucran a toda la sociedad y que requieren profesionales capaces de desenvolverse en escenarios interdisciplinarios. La formación universitaria, en este contexto, enfrenta el desafío de responder con mayor agilidad a las necesidades de un sector en permanente evolución, fortaleciendo competencias relacionadas con el análisis de datos, el desarrollo de software, la innovación, la inteligencia artificial y la comprensión de las dimensiones sociales y ambientales de los proyectos. También resulta fundamental estrechar la relación entre universidad, empresa y Estado para desarrollar programas más pertinentes, prácticos y conectados con casos reales, de modo que los futuros profesionales puedan integrar conocimientos de distintas disciplinas y responder a los retos que plantea la transición energética.
Profundizando
Los ponentes pusieron sobre la mesa asuntos como que la economía circular debe entenderse como una estrategia de competitividad y no únicamente como una respuesta ambiental. Su incorporación en los procesos empresariales puede reducir costos, aumentar la eficiencia, prolongar la vida útil de activos, disminuir la dependencia de materiales críticos y abrir oportunidades en nuevos mercados y nichos de consumidores. El reto está en atravesar los desafíos ambientales, ver oportunidades de negocio e integrar la circularidad desde el diseño de los proyectos, no solamente cuando aparecen los residuos al final de su vida útil.
En el sector energético, esto implica repensar toda la cadena de valor. Se requiere optimizar infraestructuras y procesos, aprovechar los materiales y componentes durante más tiempo, reutilizarlos y recuperar aquellos que puedan reincorporarse a otros ciclos productivos. También es posible generar valor diferencial a partir de una energía producida y gestionada mediante procesos más sostenibles, eficientes y con menor impacto ambiental.
La transición energética demanda inversiones importantes en tecnología, infraestructura, almacenamiento y sistemas de gestión. Estas inversiones no deben asumirse como un gasto, sino como una oportunidad para mejorar la productividad, acceder a mercados que exigen trazabilidad en sostenibilidad y generar nuevas posibilidades de negocio. Para que esto ocurra, resulta fundamental contar con una regulación estable y reglas claras que permitan tomar decisiones de inversión de largo plazo, además de incentivos que beneficien a un mayor número de actores.
La digitalización aparece como un acelerador de esta transformación. El uso de sensores, datos, automatización, inteligencia artificial y herramientas como los gemelos digitales puede permitir identificar consumos ineficientes, anticipar necesidades de mantenimiento y tomar decisiones con mayor rapidez y precisión. Sin embargo, el aprovechamiento de estas tecnologías debe estar acompañado de criterios éticos y de seguridad, especialmente porque los datos tienen un valor estratégico y los sistemas energéticos son infraestructuras críticas.
Frente a la creciente demanda de materiales necesarios para las nuevas tecnologías, la economía circular también representa una herramienta para fortalecer la resiliencia del país. Prolongar la vida útil de los equipos, reutilizar componentes y recuperar materiales críticos puede disminuir la dependencia de cadenas internacionales de suministro. Colombia tiene además oportunidades para desarrollar mercados alrededor del reciclaje de paneles solares, la reutilización de baterías y el reprocesamiento de materiales, pero requiere mayores incentivos, articulación y confianza en sus propias capacidades.
Finalmente, para que las soluciones sostenibles puedan escalar se necesitan modelos de negocio viables, capital humano especializado, innovación y la tríada: universidad, empresa y Estado. Un proyecto exitoso no solo debe resolver un problema: debe generar valor económico y social y ser adaptable a diferentes contextos.











