La lucha contra el estigma, en relación con la salud mental, es uno de los desafíos de salud pública más notorios de la humanidad, en los tiempos actuales. De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud -OPS- el estigma es una marca que excluye a una persona de las demás y reduce su valor en el grupo social al que pertenece.
Asimismo, esta entidad advierte que se trata de actitudes de rechazo hacia personas adictas al consumo de sustancias psicoactivas o con problemas emocionales. Para el caso de los integrantes de la comunidad con diversidad sexual con problemas de consumo, aplica un doble estigma social.
En el estudio denominado “Orientaciones para eliminar el estigma y la discriminación, hacia personas que consumen sustancias psicoactivas con enfoque de género y población LGBTIQ+”, el Ministerio de Salud y Protección Social destaca que estos estereotipos afectan la empatía por parte de la red de apoyo familiar y social de cada individuo; así como, de los trabajadores de salud y de otros sectores, legitimándose en su contra, actos de violencia, estigmatización y rechazo.
Con el propósito de aportar a la búsqueda de alternativas preventivas y mejorar los protocolos de atención a las personas de este grupo poblacional afectadas por esta condición, la de consumo, desde el área de Bienestar Institucional del TdeA se realizó el diálogo “Más allá del estigma: promoción de la salud mental y prevención del consumo de sustancias en contextos diversos e inclusivos”.
El espacio contó con la orientación del médico César Augusto Hernández Correa, subgerente Científico de la Empresa Social del Estado Hospital Carisma, entidad descentralizada adscrita a la Gobernación de Antioquia: “En nuestro entorno convergen varios estigmas: individuales, sociales y emocionales. Hablamos mucho de violencias físicas, pero también están las violencias emocionales y psicológicas; así como otras violencias que son las que menos se evidencian, porque son las de inobservancia. Son esas personas estigmatizadas o excluidas de un núcleo social, educativo, laboral, que, en silencio, se van quedando rezagadas en el camino”, explicó.
Durante su charla, el profesional de salud invitó al auditorio, conformado mayoritariamente por estudiantes y docentes de los programas de Psicología y Trabajo Social de la institución, a fortalecer estrategias comunes que posibiliten reducir los estigmas frente al manejo de salud mental y conductas adictivas, en especial entre grupos diversos e inclusivos de la sociedad.
“Tenemos un mundo que se globaliza de manera muy rápida en los últimos 30 años. Pero seguimos teniendo taras, sobre todo desde lo cultural y desde la misma estratificación socioeconómica que tienen las comunidades. ¿Qué tenemos que seguir fortaleciendo? En educación, acompañamiento, cooperación y apertura incluyente hacia los diferentes grupos poblacionales: mujeres embarazadas, madres cabeza de familia, comunidad LGTBIQ+ personas con discapacidad, y otras minorías, hablando del entorno educativo, como tal”.
En ese sentido, el experto se refirió a las repercusiones emocionales y clínicas que puede causar el estigma en las personas: “Sobre todo está la afectación emocional, que integra sentimientos y emociones. Somos seres de sentimientos y emociones, y esta marca social puede derivar en deterioro clínico con serios trastornos como episodios ansiosos y depresivos; e incluso, en algunos casos, conllevan conductas riesgosas como intento de suicidio”.
Dada la experiencia del invitado, entre los asistentes surgieron varias inquietudes referidas a la prevención de los estigmas en todas sus formas, incluida la que atañe a integrantes con diversidad sexual consumidores de sustancias psicoactivas.
“Para las generaciones actuales nos tenemos que apoyar en nuevas tecnologías de la información, todo lo que sea verificado en Internet. También, tenemos que comunicarnos más; hacer más trabajo colaborativo entre instituciones educativas y de salud, organizaciones sociales y entes gubernamentales. Pero, sobre todo, tenemos que fortalecer la empatía mutua; que podemos vivir en medio de la divergencia, con tolerancia, pluralidad y respeto a la diferencia de pensamiento, grupo étnico, credo, ideología política, cultura o estrato socioeconómico”.
A manera de conclusión, el subgerente Científico de la E. S. E. Hospital Carisma invitó a todos los públicos del TdeA a ejercer una tarea humanitaria y preventiva ante los demás integrantes de la comunidad académica; y en especial a identificar signos de alerta que puedan minimizar los estigmas y la discriminación.
“Las personas que habitualmente hablan mucho, que son muy sociables y repentinamente se van aislando, ahí hay una bandera roja que nos genera alerta. Aquellos que se van quedando retraídos dentro de un grupo, cuando antes tenían otras expresiones. Los compañeros que comienzan a faltar a clases o tienen ausentismo en esas otras actividades sociales, deportivas o culturales que nos ofrece la institución, ahí tenemos otra bandera de riesgo”, explicó.
Al respecto, Hernández Correa invitó a todas las instancias universitarias a adoptar un papel activo en la detección temprana de posibles casos de peligro y alteraciones comportamentales, derivadas por estigmas, que permitan una pronta y adecuada intervención de primeros auxilios psicológicos y demás protocolos de atención establecidos por el área de salud de la institución.